Una mirada necesaria sobre la salud cardiovascular de las mujeres.
Durante mucho tiempo las enfermedades cardiovasculares fueron consideradas principalmente un problema de los hombres. Esta mirada contribuyó a subestimar el riesgo cardiovascular en las mujeres, a invisibilizar algunos de sus factores de riesgo específicos y, en algunos casos, a retrasar la consulta y la atención. Pero sus efectos fueron más allá de la percepción de las propias mujeres: también atravesaron la práctica clínica y la forma en que el sistema de salud identifica, evalúa y aborda el riesgo cardiovascular en ellas.
Sin embargo, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en las mujeres en todo el mundo. Según la Sociedad Interamericana de Cardiología (SIAC), las enfermedades cardiovasculares son responsables de aproximadamente el 35% del total de muertes y de 18.6 millones de fallecimientos al año, afectando principalmente a mujeres de países de ingresos medios y bajos. En la Región de las Américas la cardiopatía isquémica y el accidente cerebrovascular son las principales causas de mortalidad y discapacidad femenina.
Hablar de salud cardiovascular en las mujeres implica reconocer que el riesgo no siempre se presenta de la misma manera y que, a lo largo de la vida, existen factores que pueden modificarlo y que muchas veces pasan inadvertidos.
Conocer estas particularidades es importante para las mujeres, pero también representa un desafío para quienes trabajamos en salud: ¿estamos identificando y evaluando todos los factores que pueden aumentar el riesgo cardiovascular de una mujer?
En esta nota invitamos a repasar cuáles son esos factores, qué aspectos requieren especial atención en las distintas etapas de la vida y qué podemos hacer desde la prevención, la consulta y el cuidado cotidiano, para proteger la salud cardiovascular de las mujeres.
Porque una mejor prevención comienza por conocer el riesgo, reconocer sus particularidades y no subestimarlo.
Los factores que influyen en la salud cardiovascular de las mujeres incluyen características biológicas y reproductivas propias, factores de riesgo tradicionales que pueden tener un impacto diferente en ellas y determinantes sociales que también condicionan su salud y sus posibilidades de acceder a una atención oportuna.
A continuación, recordamos algunos de los principales factores que debemos conocer y considerar cuando hablamos de corazón y mujer:
- 1. El embarazo como oportunidad de cuidado del corazón:
Las complicaciones durante el embarazo se reconocen actualmente como factores de riesgo cardiovascular propios de la mujer y como indicadores tempranos de aumento de riesgo futuro.
- Preeclampsia y eclampsia: estas condiciones aumentan significativamente el riesgo futuro de hipertensión, tanto en la madre como en el hijo. Además, la preeclampsia se asocia con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y de muerte por causas cardiovasculares.
- Diabetes gestacional: haber tenido diabetes gestacional aumenta significativamente la probabilidad de tener diabetes tipo 2 en el futuro.
- Parto prematuro y otros resultados adversos del embarazo: el parto antes de término, los abortos espontáneos recurrentes y el nacimiento de bebés pequeños para la edad gestacional también se asocian con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.
- 2. Otros factores reproductivos y hormonales:
- Menarquia: Tanto el inicio temprano de la menstruación (menarquia precoz), como el inicio tardío se han relacionado con un aumento en el riesgo de enfermedad coronaria. La menarquia temprana se asocia con mayor circunferencia de cintura.
- Menopausia: Los estrógenos son hormonas que cumplen un papel en la protección de nuestras arterias y corazón. En esta etapa disminuyen, lo que provoca cambios, por ej en el perfil lipídico, aumentando los Triglicéridos (en exceso dañan las arterias) y bajando el colesterol HDL (colesterol «bueno»). También generan cambios en la distribución de la grasa corporal. Las mujeres con menopausia prematura, es decir la que se produce antes de los 40 años, presentan un riesgo aún mayor.
- Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP): Este trastorno endocrino afecta el riesgo cardiovascular debido a que puede producir alteraciones en el metabolismo de la glucosa, hipertensión e inflamación sistémica.
- Anticonceptivos y terapia hormonal: El uso de anticonceptivos orales (ACO) puede estar asociado con un aumento de la presión arterial, por lo que se recomienda a las personas que usan ACO medir regularmente su presión arterial. Por otro lado, la terapia de reemplazo hormonal (TRH) no se recomienda desde el punto de vista cardiovascular a menos que haya una clara indicación para manejar síntomas menopáusicos, y en este caso se recomienda un estrecho control cardiovascular.
- 3. Condiciones médicas predominantes:
- Enfermedades autoinmunes: el 80% de las personas con trastornos autoinmunes son mujeres, y éstas presentan mayor riesgo de desarrollar aterosclerosis acelerada y ECV prematura debido a la inflamación crónica.
- Salud mental: Las mujeres sufren de ansiedad y depresión en una proporción casi doble a la de los hombres. Estos estados emocionales están asociados con un mayor riesgo de desarrollar factores de riesgo cardiometabólicos y eventos cardiovasculares, influyendo tanto en el funcionamiento del organismo como en los hábitos de vida.
- 4. Factores de riesgo tradicionales, pero con impacto diferente:
Hipertensión arterial, sobrepeso y obesidad, inactividad física, alimentación no saludable, tabaquismo, alteraciones de los lípidos y diabetes son factores de riesgo cardiovascular tanto en hombres como en mujeres.
Sin embargo, su frecuencia y su impacto pueden variar según el sexo y, especialmente, según la etapa de la vida:
- Hipertensión arterial: a edades más tempranas, la presión arterial elevada es más frecuente en los hombres que en las mujeres, pero esta diferencia se reduce progresivamente y se revierte después de los 50 años.
- Sobrepeso y obesidad: la distribución de la grasa corporal también importa. En Uruguay, más de la mitad de las mujeres de 25 a 64 años presentaba un perímetro de cintura considerado de riesgo, frente a cerca de un tercio de los hombres.
- Inactividad física y sedentarismo: Las mujeres son menos activas y, a la vez, presentan menores niveles de sedentarismo que los hombres.
- Alimentación no saludable: tanto mujeres como hombres tienen un consumo menor al recomendado de alimentos protectores como frutas, vegetales y pescado.
- Tabaquismo y dispositivos electrónicos de nicotina: Las mujeres son particularmente susceptibles a sus efectos nocivos; fumar de uno a cuatro cigarrillos por día puede triplicar el riesgo de un evento cardiovascular. Además, las mujeres tienden a tener menos éxito que los hombres al intentar dejar de fumar.
- Colesterol aumentado: La dislipemia es un predictor de riesgo cardíaco más fuerte en mujeres que en hombres. Hay diferencias en el nivel lipídico entre hombres y mujeres desde la adolescencia hasta la senectud, siendo más marcada esta diferencia en la menopausia y post menopausia.
- Diabetes: Las mujeres con diabetes tienen el doble de riesgo de sufrir eventos cardiovasculares fatales en comparación con los hombres diabéticos y suelen presentar peores resultados tras un evento.
- 5. Determinantes sociales de la salud.
Existen factores no biológicos que influyen profundamente en el riesgo de las mujeres:
- Estrés psicosocial: La discriminación, la violencia doméstica, el rol de cuidadora principal de niños y ancianos, y las dinámicas de poder desiguales en el trabajo juegan un papel crucial en su salud cardiovascular.
- Barreras de acceso: El nivel educativo, la alfabetización en salud y las barreras lingüísticas afectan desproporcionadamente a mujeres de minorías étnicas, dificultando el diagnóstico y tratamiento oportuno.
Para proteger la salud cardiovascular de las mujeres, es fundamental promover hábitos de vida saludables, realizar controles médicos periódicos e identificar de forma temprana los factores de riesgo.
Medidas preventivas clave:
Cuidar la salud cardiovascular de las mujeres requiere acompañar los cambios que pueden producirse a lo largo de las distintas etapas de la vida y actuar de manera preventiva.
Entre las principales medidas se encuentran:
- Conocer y controlar los factores de riesgo: medir la presión arterial, controlar colesterol, triglicéridos y glucemia, y realizar un seguimiento del peso y del perímetro de cintura.
- Actividad física: Se recomienda realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física aeróbica de intensidad moderada. No es necesario realizarla toda de una vez: puede acumularse en períodos más cortos a lo largo del día. También es importante reducir el tiempo que permanecemos sentados, incorporando pausas activas durante la jornada, por ejemplo, de 3 a 5 minutos aproximadamente cada hora. Además, se recomienda incorporar ejercicios de fuerza al menos dos veces por semana. En las mujeres, este tipo de actividad adquiere especial importancia durante la peri y posmenopausia, por sus beneficios sobre la salud muscular y ósea, el metabolismo y, de forma indirecta, la salud cardiovascular.
- Alimentación saludable: priorizar verduras, frutas, legumbres, frutos secos o semillas, cereales integrales y pescado, y reducir el exceso de sodio, grasas, grasas trans y azúcares.
- Cesación del tabaquismo: Es fundamental evitar el consumo de tabaco y nicotina en todas sus formas; y si ya consume, recordamos que siempre hay beneficios en dejarlo (por más info contactarse con el asistente virtual del MPS 091 365 724).
- Planificación y control del embarazo: Es crucial detectar antecedentes de HTA gestacional, preeclampsia, diabetes gestacional o partos prematuros, ya que podemos actuar a tiempo.
- Prestar atención a las diferentes etapas de la vida: adolescencia, embarazo, período reproductivo, transición a la menopausia y posmenopausia presentan oportunidades diferentes para prevenir y detectar tempranamente el riesgo cardiovascular.
La salud cardiovascular de las mujeres requiere una mirada que contemple sus particularidades a lo largo de toda la vida.
Para las mujeres, significa conocer su riesgo, cuidar sus hábitos y no postergar los controles. Para quienes trabajamos en salud, implica preguntar, escuchar, identificar y actuar, sin subestimar el riesgo cardiovascular femenino.


