Actualmente se sabe que el estrés constituye un factor de riesgo para las enfermedades cardiovasculares, así como un desencadenante de eventos de este tipo como son el infarto agudo de miocardio. El estrés tiene un efecto directo en la constricción de vasos sanguíneos, en la presión arterial elevada, y una mayor formación de coágulos sanguíneos. Además en forma indirecta suele favorecer que no se mantenga un estilo de vida saludable.
El estrés psicosocial se asocia con el desarrollo y la progresión de la enfermedad aterosclerótica. El estrés psicosocial incluye síntomas de estrés y estresores como la soledad y los acontecimientos vitales importantes.
El estrés puede desencadenar complicaciones o descompensaciones de enfermedades cardiovasculares.
El estrés es la respuesta natural de nuestro cuerpo a los desafíos, pero cuando se vuelve crónico se convierte en un riesgo para la salud. Es un factor de riesgo para el desarrollo de trastornos de ansiedad, depresión y agotamiento (burnout), y también puede empeorar los problemas de salud mental y los problemas de salud crónicos que ya existían.
A nivel del corazón y vasos sanguíneos, el estrés psicosocial, puede desencadenar alteraciones como arritmias cardíacas, picos hipertensivos, insuficiencia cardíaca, e incluso desencadenar eventos agudos como infartos o accidentes cerebrovasculares.
¿Cómo lo hace?
El estrés afecta nuestro cuerpo de varias maneras:
Disfunción Endotelial (daño en la pared interna de arterias): El estrés reduce una molécula clave (óxido nítrico) que ayuda a mantener las arterias relajadas y saludables. Ésto puede llevar al estrechamiento de los vasos sanguíneos y la acumulación de colesterol en sus paredes internas.
Inflamación Vascular (arterial): El estrés crónico aumenta los niveles de inflamación en el cuerpo, lo cual acelera el endurecimiento y estrechamiento de las arterias (aterosclerosis).
Ya sea por dificultades laborales, relaciones complicadas, problemas económicos o soledad, el estrés constante puede causar directamente arritmias, picos de presión arterial, insuficiencia cardíaca y más. Además, indirectamente, nos empuja a adoptar estilos de vida poco saludables, como fumar, beber en exceso o comer mal.